El Tomb de Foc

Frente al castillo del casco antiguo del barrio de La Geltrú se agolpan cientos de personas, a la espera de que aparezcan las bestias. El calor sofocante, la angostura de las calles y la oscuridad nocturna le dan al acto la siniestralidad que se merece. Un pequeño teatrillo introductorio trata de complementar a la fiesta que realmente está esperando la gente: la fiesta del fuego, El Tomb de Foc.

Tras el acto escénico se abren las cortinas. Allí están, esperando ansiosas a que llegue su turno. Esperando a poder salir a regar las calles con fuego, chispas y truenos. Es el turno de las bestias.

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Suenan los tambores que acompañan a los dracs. Un golpeo sobrio, duro, tan sencillo como potente es el que acompañará a las bestias en su carnicería. La batucada del Drac de la Geltrú no lleva trompetillas ni pitos. No lo necesitan. El golpeo de los tambores es suficiente para anunciar el siniestro paso del dragón.

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Una tras otra, las bestias van abandonando el castillo camino a la plaza de la iglesia de la Geltrú, todavía contenidas. Es allí en donde se desatará la locura antes de empezar a recorrer las calles del casco antiguo. Es allí en donde las bestias se desahogarán y en donde, a la vez, dejarán ir sus lenguas de fuego acompañadas de un sostre de chispas y truenos.

 

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Es a partir de ese momento cuando las estrechas calles no perdonarán a los habitantes de la ciudad, en dónde serán atrapados por el fuego y la locura de las bestias y junto a ellas bailarán la danza demoníaca de las batucadas.

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