Saint-Jean-Pied-de-Port, el inicio del camino

Probablemente, al preguntarle a cualquier peregrino cuál fue el lugar del que partió para comenzar su Camino de Santiago, responda que Roncesvalles. Roncesvalles es un bonito lugar, sí. En él se respira el ambiente de la peregrinación, los nervios del primer día de camino, el miedo y el respeto a lo desconocido, la convivencia y el agradecimiento a los demás. Pero Roncesvalles, por muy famoso que sea, no tiene nada que ver con las callejuelas, albergues, restaurantes y tiendecitas de Saint-Jean-Pied-de-Port. Os invitamos desde este artículo, a que hagáis una pequeña incursión a este bonito municipio aprovechando cualquier visita a Navarra.

saint-jean-pied-port-2
¿Por qué no quedarnos aquí directamente?– Es lo primero que se nos pasó por la cabeza al bajarnos del autobús que nos llevó a Roncesvalles. ¿Qué sentido tenía estando allí, pagar a un taxi para que te baje mil metros valle abajo y tenerlos que subir al día siguiente para llegar al lugar en el que ya estábamos? Realmente daban ganas de partir desde Roncesvalles, pero el esfuerzo finalmente mereció la pena. Lo que nos encontramos al llegar a Saint-Jean-Pied-de-Port fue el típico pueblecito turístico francés pero lleno de peregrinos. Numerosos suvenires del Camino de Santiago, la flecha amarilla por todas partes, mochilas, bastones, credenciales, la vieira. Todo en aquel lugar estaba dirigido a los peregrinos y al turismo del Camino de Santiago.

saint-jean-pied-port-3

Llegamos a nuestro albergue, el “Espíritu del Camino” (L’Esprit du Chemin), todavía con el miedo a no saber cómo actuar ni qué había que hacer. No habíamos reservado la cena, pero eso no le impidió al hospedero ofrecernos un cuenco de la sopa que estaban tomando el resto de peregrinos. Cantaron, rezaron, compartieron. Nosotros no somos creyentes y no hacíamos el camino por convicciones religiosas, pero lo cierto es que algo de espiritual sí tenía todo aquello. Se contagiaba el buen rollo y las ganas de compartir y charlar con los demás. Empezamos a vislumbrar que no haríamos solos el Camino, sino que iríamos acompañados en cada uno de nuestros pasos. En aquella ocasión no nos dio tiempo a visitar en profundidad el pueblo, lo cual fue una lástima teniendo en cuenta lo bonito que es. Ya sabéis, peregrinos novatos sin tener ni idea qué significa hacer ese camino. Un verdadero peregrino hubiera gastado los días necesarios en aquel lugar. Menos mal que años después tuve la oportunidad de recorrer sus calles de nuevo y visitar todo aquello que con el Camino de Santiago no tuve la oportunidad.

saint-jean-pied-port-1

La etapa del día siguiente, para mí, es la más bonita de todas las del Camino de Santiago. Los libros nos metieron el miedo en el cuerpo: que si se cruzan los pirineos, que si son mil metros de desnivel, que si con lluvia es peligroso, que si no hay visibilidad vayas por la carretera… tantas incertidumbres… ¿cómo íbamos a saber si el tiempo estaba bien o no antes de salir? Quizás se estropeara el día. Afortunadamente decidimos ir por el camino normal. Un camino completamente verde, como toda la vertiente pirenaica perteneciente a Francia, bien indicado, con unas vistas espectaculares y con mil metros de desnivel, sí, pero bien repartidos en un ascenso constante y sin fuertes repechos. A pesar de haber caminado por sitios increíbles a lo largo de los siguientes 30 días, ninguno fue tan maravilloso como aquél lugar.

saint-jean-pied-port-4

Espero con estas palabras, que si decidís hacer el Camino de Santiago, no os limitéis a quedaros en Roncesvalles si no que vayáis un poco más allá.

Y si finalmente llegáis a Saint-Jean-Pied-de-Port, lo mejor que podéis hacer para visitarlo es dejaros llevar por sus callejuelas, tiendas y restaurantes. Entrad en algún refugio y visitadlos, seguro que os recibirán con amabilidad. Y buscad el Notre-Dame-du-Bout-du-Pont, la puerta de Saint-Jacques, la puerta de Navarra y las murallas de la Ciudadela.